A SU IMAGEN
Esta libertad
se debe al valor absoluto que nuestra cultura otorga al ser humano
Un buen consejo para hacer frente a la tantas veces irrefrenable tentación
de entregarnos al zeitgeist, al espíritu de los tiempos, y someternos a la
subcultura de la tribu televidente interconectada está en recordar que el mundo
no se estrenó anteayer. Cuanto más sepamos del pasado, mejor entenderemos lo
que pasa y nos sucede. Más libres y serenos somos frente a imponderables y
añagazas, y menos esclavos de modas, histerias y pasiones. Es una buena
práctica esforzarse por ir más allá de la historia abstracta. E imaginar
personas concretas hace cien, hace trescientos y hace mil años en conflictos
cotidianos, personales y políticos. En sus temores, inquietudes, emociones y
conocimientos condicionados por la época en que vivían. Así es más fácil
ponderar nuestras propias obsesiones, angustias y entusiasmos. Todos los que
nos precedieron y se convirtieron en polvo gozaron y padecieron, sintieron como
nosotros ser individuos únicos en el mundo.
